Talleres

Acompañamiento individual

Bio y contacto

Artículos

Fotos

Links

English

 

ARTÍCULOS

LAS REDES SOCIALES Y EL DESCUIDO DE LOS ESPACIOS SAGRADOS
Reflexiones sobre la privacidad en contextos arteterapéuticos

Por Txell Prat*, danzaterapeuta


Pareciera últimamente que nada existe a menos que aparezca en Facebook. Nada sucedió a menos que se corrobore mediante una fotografía en la red social. Desde las vacaciones hasta el desayuno que tomamos en casa una mañana de domingo. Tan frágil se ha vuelto nuestro sentido de existir. Tan grande es la ausencia de presencia, tanto propia como de gente física, real, que esté acompañándonos con una actitud presente.

Recientemente me ha llamado la atención, además, ver a varias parejas de enamorados manifiestarse su amor en la red, con palabras cariñosas y realmente muy íntimas, acompañadas de la foto de rigor de su cena romántica a la luz de las velas en un espacio privado, o entrelazados en un tierno abrazo acostados en la cama (a veces hasta da pudor, el pudor del que se sabe intruso en una situación). Pareciera que decir esas palabras cara a cara en la cena íntima (si es que se dicen) no tiene bastante valor, que la presencia de ambos enamorados ya no es suficiente para ambos, que en esa cena íntima tenemos que entrar todos (contactos cercanos y no tan cercanos) a través de la red para darle realidad. Por supuesto, cuando uno ama, muchas veces siente la necesidad de poner a la sociedad como testigo de tanto amor, pero eso se hacía antes en espacios oficiales o sagrados: formalizando el noviazgo o el compromiso en un evento social o ratificando la unión en un templo o espacio sagrado similar, con la presencia física de los invitados-testigos. No se invitaba a la sociedad a meterse en la cama o a entrar a la cena íntima en sí: tanto a través de la red, como a través del acto mismo de tomar la fotografía en plena cena... algo que hace que automáticamente esa cena deje de ser íntima, pues energéticamente abre el espacio.

El temenos en el contexto terapéutico

Algo similar está pasando recientemente con ciertos espacios “terapéuticos”. Asistí hace unos meses a un taller para conocer un trabajo terapéutico corporal, y en pleno proceso la facilitadora empezó a tomar fotografías, de mí y de todos los participantes, y además muy de cerca. Y no era precisamente el calentamiento del taller, donde los participantes están menos involucrados, sino el pleno proceso. Me incomodó, pues no se me había preguntado si yo quería dejar entrar al mundo en mi proceso, si yo quería ceder mi imagen de ese momento para la publicidad. Ni se me había avisado de que eso iba a suceder. Y me sorprendió aún más que fuera la propia facilitadora quien tomara las fotografías. ¿Facilitadora o fotógrafa? Obviamente ese es un material muy atractivo de márqueting: gente en plena danza, gente llorando, gente en plena catarsis. Pero, ¿márqueting para qué? ¿Qué tipo de espacio se está promocionando?

Es cierto que a veces es preciso registrar o documentar procesos para poder comunicar los logros de un tipo de terapia y llegar así a beneficiar a más gente. Pero lo adecuado es hacerlo de otro modo, pidiendo autorizaciones a los participantes, comunicando la finalidad divulgativa del registro, y no de forma sistemática en cada taller para uso puramente de márqueting en las redes, como viene sucediendo demasiado. Por otro lado, la danza, como arte escénico que es, tiene en el fondo un carácter performático llamativo, que hace que resulte tentador el mostrar imágenes de los procesos, o tomarlas, en el caso de los participantes, ahora que los celulares con cámara están tan a mano. Se podría llegar a pensar que hay que ser más flexible, que todo eso es más relativo. Pero no. Como ejemplo, nombraré algo que pasó recientemente en uno de mis talleres y que puede ayudar a reflexionar. Cuando estábamos en la ronda de cierre de la experiencia, sentadas en círculo, mientras una participante hablaba de su vivencia, otra se levantó, fue a buscar el celular y tomó una fotografía del grupo. Yo estaba escuchando a quien hablaba y por mi parte fue un descuido no detenerla en ese instante, pero afortunadamente una tercera participante sí habló y comunicó su malestar ante ese acto, pues dijo que estaban hablando de cosas íntimas y se sentía vulnerable.

Lo que se mueve en estos espacios puede hacernos sentir muchas veces vulnerables. Es un material muy personal, en ocasiones difícilmente aceptado por nosotros mismos. Y de hecho la gente se atreve a dejar aflorar ese material tan personal cuando se cuida el espacio como un espacio sagrado que da contención. No cuidar el espacio es una traición.

Temenos es una palabra griega que significa «espacio sagrado» y que solía utilizar Carl G. Jung. Temenos se refiere tanto a un espacio físico, como puede ser un salón o una consulta terapéutica; como simbólico, como puede ser un mandala o el espacio creado por el círculo de testigos en Movimiento Auténtico; como psicológico, pues según Jung la palabra temenos describe tanto un contenedor personal como el sentido de privacidad que rodea una relación terapéutica (Sharp 1994).

En una ocasión me invitaron a un congreso donde facilité una introducción al Movimiento Auténtico. Fue un grupo numeroso (más de lo que suele ser habitual con esta disciplina) y por consiguiente una experiencia breve, pero la gente contactó con cosas bien profundas en apenas 10 minutos de experiencia. Al terminar, en la rueda de cierre, una mujer me preguntó sorprendida: «¿Cómo lo haces para contener todo esto? Es un grupo grande, se movieron cosas fuertes». Gran parte de la contención viene por el cuidado de ese espacio sagrado. La disposición en círculo del grupo no era por capricho, los rituales de entrada y salida de la experiencia también estaban muy cuidados, yo estaba allí completamente presente ante lo que emergía, y en ese taller, a petición mía y a diferencia de los otros talleres del congreso, no se filmó, no se tomaron fotografías durante el proceso. E invité a todos a asumir un compromiso de confidencialidad antes de empezar. Se creó un temenos.

Obviamente se paga un precio por eso: el hecho de no tener fotos de procesos reales (en alguna ocasión he convocado una sesión no real con participantes voluntarios para grabar en vídeo) que se puedan utilizar a la hora de difundir los talleres. Pero es algo que un terapeuta debe a sus clientes en el momento presente del taller, aunque se trate solo de un taller corto y efímero. Una colega terapeuta me comentó que alguien le había dicho hace poco: «Pensaba que a tus talleres no iba nadie, pues nunca subes fotos». Una vez más: si no está en Facebook, eso no sucedió. No sucedió para los que no estuvieron. Pero confío en que gracias a nuestra presencia terapéutica sí sucedió, y con mucha claridad, para los asistentes. Y que esa presencia les nutrió lo suficiente como para no necesitar ni fotos ni posts.

El valor de la mirada de la sociedad

Hay algunos casos muy excepcionales en que la presencia del arteterapeuta no es suficiente, se requiere la presencia de la sociedad para que el proceso arteterapéutico se sienta completo. Como en el caso de los enamorados, surge el sentimiento entre los participantes de que lo que está sucediendo en el espacio terapéutico es tan especial que aparece el anhelo de abrirlo a más personas, de mostrarlo, compartirlo.

Hace años estuve facilitando durante meses un grupo semanal de danzaterapia en una residencia de ancianos. Como formaba parte de mis prácticas como danzaterapeuta en formación, a sugerencia de mi supervisora, opté por grabar las sesiones en vídeo, previo consentimiento por escrito de la institución y de cada una las participantes, con el claro compromiso escrito por mi parte y de la supervisora de que ese material gráfico era para uso exclusivo mío y de mi supervisora para fines pedagógicos.

Ahí pude comprobar el peso que tiene una cámara en un espacio de estas características. No pasa ni mucho menos desapercibida, aun estando discretamente colocada sobre un trípode en un rincón del salón. Se habló repetidas veces de la cámara. Fue todo un tema. Sin embargo, la percepción de la cámara fue evolucionando. Las participantes empezaron a valorar hasta tal punto el proceso y lo que hacían en ese espacio que hacia el final de nuestras sesiones juntas, y por el cierre mismo del proceso, les surgió en anhelo de que alguien más, además de las que estábamos presentes, viera eso. Surgió la idea de editar fragmentos de los vídeos y mostrarlos a los compañeros de la residencia, a sus familias. Pero fue algo que surgió de las participantes. Finalmente ese acto de mostrar no se hizo, porque era un proceso delicado que requería autorización de la institución y se hubiera necesitado más tiempo, y lamentablemente mis prácticas allí ya estaban en aquel momento llegando a su fin. Sin embargo, vislumbré la rica posibilidad de revisar con las participantes todo ese material de vídeo y hacer un proceso profundo (el visionado conjunto de algunas sesiones por parte de las participantes y un cierto proceso sí se hicieron en la medida en que dio tiempo) y creativo que nos permitiera explorar creativamente el valor que tenía para ellas compartir eso con los demás, con todo el revulsivo que podía significar para su autoestima.

De hecho, en opinión de algunos autores, como por ejemplo Godttshalk (1977), para que la creatividad sea saludable, la experiencia del proceso creativo debe ser comunicada y aceptada (entendida) por los otros. Generalmente ese «otros» lo encarna el arteterapeuta. Pero a veces, como sucedió en ese grupo de la residencia de ancianos, puede ocurrir que se necesite un «otros» más amplio, social.

En este sentido, yo misma pude comprobar los beneficios y la fuerza que tiene abrir el proceso terapéutico al mundo con mi solo de danza Nimubé (2013), que fue la materialización artística de un proceso de danzaterapia que surgió del anhelo profundo de varios aspectos de mi sombra de salir a la luz y mostrarse ante la sociedad. Un acto atrevido que no carece de riesgos, que debe valorarse bien y que debe manejarse con delicadeza y cautela.

La cuestión pues no es si se comparten o no imágenes o partes del proceso. Es si ese compartir es iniciativa del cliente, surge orgánicamente del proceso creativo y forma parte de él; si ese compartir se aprovecha como herramienta terapéutica; si ese compartir es impuesto y con fines de márqueting —y es pasivamente permitido por los asistentes por su anhelo inconsciente de ser vistos o por falta de confianza a la hora de hablar— o bien es un compartir puesto al servicio del cliente a través de un trabajo profundo, donde ese anhelo de ser visto se hace consciente y es explicitado, se elabora creativamente y es finalmente materializado como expresión personal y/o obra de arte.

Entonces ese espacio sagrado se abre al mundo a través de un acto sagrado. Un acto sagrado que sana.

Pero, salvo que la apertura del espacio sagrado sea a través de un acto sagrado de estas características, lo adecuado es preservar ese espacio y contener en él el proceso terapéutico-creativo, otorgándole la privacidad que requiere.

 

*Txell Prat, danzaterapeuta. Máster en Danza Movimiento Terapia (DMT) por el Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona. Danzaterapeuta certificada del método Danza de la Vida®. Facilitadora de Movimiento Auténtico. Facilita talleres grupales y psicoterapia a través de la danza bajo el nombre de Danza Interior®. Contacto: txell@danzainterior.com · www.danzainterior.com

Copyright © Txell Prat, 2016

Fotografía: Alainafae. Pintura: Rich Francisco.

________

Referencias:

Sharp, D., (1994) Lexicon jungiano. Compedio de términos y conceptos de la psicología de Carl Gustav Jung, Cuatro vientos, 1994

Gottschalk, L. A. (1977). "Psychoanalytic contributions to the generation of creativity in children", PSYCHIATRY, 44, 210-229.

 

 

 

Txell Prat

Danzaterapeuta española, Máster en Danza Movimiento Terapia (DMT) por la Universidad Autónoma de Barcelona (2003-2006). Danzaterapeuta certificada del método Danza de la Vida®. Facilita talleres de su método Danza Interior® desde 2004 y grupos de Movimiento Auténtico desde 2006. Psicoterapeuta a través de la danza y docente en varias formaciones de terapias creativas. Ha explorado diferentes estilos de danza y técnicas de improvisación con varios bailarines y performers, entre los que destacan Steve Clorfeine, Anna Halprin y Núria Banal. Su última creación artística es el solo de danza "Nimubé" (2013). Consulta el CV completo.

 

 A veces puede ocurrir que se nos quede la web un poco desactualizada.
No te pierdas nada, escríbenos a info@danzainterior.com para que te incluyamos en el mailing.
La página de Facebook siempre la tenemos al día. ¡Te esperamos!

 


Danza Interior®
 Danzaterapia · Movimiento creativo consciente · Movimiento auténtico
España · México
info@danzainterior.com
© 2018 Txell Prat. Todos los derechos reservados